En lo que va del 2014 ha sido inusitada la cantidad de libros que se han editado en La Pampa. Prácticamente todas las semanas, desde el inicio del año, hay una actividad social relacionada con un libro. Esta novedosa situación se da no solamente en el plano de la literatura, si no también –y afortunadamente- en otros campos editoriales, siendo los sellos de la Universidad Nacional de La Pampa y del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria los abanderados.
Respecto a las editoras independientes o de autor, la mecánica de publicación ha sido igualmente frugal. Hay que remontarse unas cuantas décadas atrás para encontrar una similitud; pero hay que hacer la salvedad de que los libros digitales recién se popularizaron hace pocos años.
Este
resurgir de la palabra impresa llevó a que el pasado 16 de julio se realizara
en la Usina de la Cooperativa Popular de Electricidad una jornada denominada “editoriales
a puertas abiertas”, en coincidencia con el día del libro, de la que Arisco
Ediciones participara en carácter de oyente.
Del evento,
ideado por la EdUNLPam, participaron en calidad de expositores y disertantes la
Asociación Pampeana de Escritores, Voces de la CPE, INTA, Arte Propio de la
Subsecretaría de Cultura de la provincia y las editoriales De la Travesía,
Pitanguá y Amerindia. El objetivo del
encuentro fue “trabajar y promover el libro y la lectura”.
Durante el
día, además de los discursos de apertura, se realizaron exposiciones,
proyecciones, presentaciones de nuevos volúmenes y charlas sobre diversas
temáticas relacionadas con el libro.
A
continuación transcribimos las palabras que en el acto de cierre pronunciara
Rubén Evangelista, responsable de ediciones Pitanguá, y que resumen –a nuestro
entender- el cuadro de situación, la problemática y el desafío de las editoriales
en la provincia de La Pampa:
“Es
indiscutible que a mediados de los año ‘80, la Ley provincial 804 movilizó y
favoreció notablemente la edición de libros de autores pampeanos, muchos de quienes
tal vez no hubieran podido de otro modo publicar sus materiales.
Cuando se
promulga y comienza a aplicarse esa ley, en La Pampa se publicaban libros
particulares en forma esporádica, y en general esa actividad estaba reservada
para el Estado provincial, que tenía los medios técnicos y económicos para hacerlo; por eso la imprenta oficial dio a
luz no pocos trabajos de autores pampeanos, aunque casi siempre ligados, los
temas, a distintas actividades y áreas del Estado provincial.
Para
entonces se perfeccionaba en los talleres de diarios e imprentas el sistema offset que se había
impuesto en la actividad gráfica de la Provincia 20 años antes. Ese sistema de
impresión abrió paso a toda clase de emprendimientos gráficos de distinta
catadura, porque hacía posible la impresión de textos e imágenes, dibujos,
obras plásticas, mapas, etc., con tanta facilidad como nunca antes había sido
posible con el viejo sistema tipográfico. Era una fiesta imprimir papeles,
folletos, diarios y revistas y, por supuesto también algunos libros. Era fácil
publicar, pero seguía siendo no barato imprimir.
Y cuando
estaba en plenitud el uso del sistema offset de impresión, se avanzaba
velozmente hacia la informatización de la gráfica, y fue así como comenzamos la
década de 1990 con las primeras experiencias gráficas digitales. De allí a esta
parte transcurre otra historia de la
gráfica, y no sólo una revolución tecnológica para la impresión sobre papel,
sino que se abre un mundo nuevo para la comunicación planetaria, que involucra
también al libro, que empieza a ser pensado de otro modo hasta –incluso–
cambiarle su identidad y ser llamado virtual o, mejor y más actual, ebook, o
sea: libro electrónico.
La informática, podemos decir en suma, resolvió
hasta lo inimaginable el aspecto técnico y ayudó a desarrollar lo creativo en
la impresión de libros, ya que la imaginación aplicada al diseño grafico se
desplegó en toda su amplitud, para nuestro goce ante tantas propuestas
estéticas que empezaron a ofrecerse a nuestra vista en el mercado
bibliográfico.
Sin embargo,
lo que sigue estando un paso atrás, todavía hoy, como una problemática
recurrente para la mayoría de las editoriales pampeanas y que afecta también a
los autores, es el mecanismo imperfecto e insuficiente de llegada del libro al
lector. El mercado consumidor pampeano no tiene acceso a la totalidad de las
ofertas locales, impedido en gran medida por la ausencia de distribución
organizada, factor que también nos niega entrar en otros mercados del país, ya
no sólo Buenos Aires, sino también en centros importantes como Córdoba, Río
Cuarto, Neuquén, Mendoza, Rosario o las capitales de provincia.
El mundo
literario pampeano está potenciado en su etapa creativa, fomentado desde el
Estado, y también promovido por algunas editoriales que muy de vez en cuando se
animan a invertir en publicaciones, aunque son las menos: predomina, como
siempre, la edición de autor, que sostiene y da vida a las pequeñas empresas
editoras. Esta caracterización no involucra a la editorial “Voces” de la CPE y
la Editorial de la Universidad Nacional de La Pampa, como así tampoco a la que
posee el INTA Anguil, las cuales tienen sus estructuras técnicas y financieras
y otros mecanismos de distribución y venta de sus materiales. Pero todas ellas
podrían, a su vez, expandir sus mercados si un Ente distribuidor de sus productos
se ocupara de esa tarea.
Algunas
librerías de las más grandes y conocidas de Buenos Aires, son totalmente
indiferentes a las ediciones de libros del interior del país, y no aceptan
tomar nuevas publicaciones para la venta sino y solamente a través de
distribuidoras que ya son proveedoras de esas librerías: no aceptan títulos
individuales, como los que generan con mucho esfuerzo los autores y editores en
las provincias.
Ésa es una
clara forma de desaliento para los autores y editores que se atrevan a pensar
en ingresar a este gran mercado de la
capital federal y a través de él eventualmente a los de otros países. Y es una
rémora, porque involucrar a una distribuidora privada, eleva a cifras
imposibles el ya de por sí excesivo porcentaje que retienen la mayoría
de las librerías, del precio de tapa de los libros. Es inimaginable que de
nuestras pequeñas producciones de 400, 500 u 800 libros, debamos ceder no menos
de un 60% del precio de venta en beneficio de la intermediación. O bien que lo hagamos, encareciendo exageradamente nuestros
productos bibliográficos.
Entonces, la
conclusión es que tenemos que ser nuestros propios distribuidores, y no sólo
eso, sino ser, llegado el caso, también bocas de expendio al público.
La
Subsecretaría de Cultura del Gobierno Pampeano tiene instrumentado un sistema
de venta de materiales creativos de autores pampeanos, bajo el nombre “Arte
Propio”, que configura el eslabón que vincula a los creadores con el público, y
que facilita la venta los materiales. Es muy buen sistema, pero insuficiente, porque su estructura no cubre
todos los mercados posibles, que son muchos. Potenciar y perfeccionar ese
sistema tendería a resolver la cuestión de la comercialización de productos culturales
como el libro.
Otra alternativa
posible sería la conformación de un Ente colectivo abocado a organizar la
distribución, en el que intervinieran el Estado provincial a través de Arte
Propio, el Estado nacional en sus expresiones Universitaria y del INTA en la
provincia de La Pampa, las cooperativas y una representación de las editoras
privadas. Sería un ente distribuidor que se autofinancie sin lucrar, y que
allane con dignidad comercial el camino entre autores y lectores.
Ese Ente
provincial podría acordar con editoriales de la región y el resto del país,
conformar una Red de Editoriales, como lo propuso el 1er. Encuentro de
Editoriales Patagónicas realizado en San Martín de Los Andes en 2011, para
propiciar la promoción, difusión y ventas de los productos bibliográficos.”
Rubén
Evangelista
Lunes 16 de
Junio de 2014.
(La foto es de Telón Pampeano)